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La Libertad Religiosa y el Derecho a Ser Cristianos

3 agosto 2016

ESJ-015 2016 0803-005

La Libertad Religiosa y el Derecho a Ser Cristianos

Las revoluciones morales requieren revoluciones legales. Este es ciertamente el caso de la revolución sexual y sus diversas causas de la liberación sexual. Una revolución sólo se completa cuando la estructura legal se suma a una nueva comprensión moral. Esta alineación es exactamente lo que está ocurriendo en la vida pública estadounidense sobre la cuestión de la liberación homosexual.

Cada sociedad tiene una estructura de sistemas que ya sea influencia o coacciona el comportamiento. Con el tiempo, las sociedades se mueven de legislar y regular el comportamiento con el fin de alinear la sociedad con lo que es común, o al menos en gran medida, lo que es considerado moralmente correcto e incorrecto. La civilización no podría sobrevivir sin un sistema de controles morales e influencias.

A lo largo de casi toda la historia occidental, en su mayor parte, este proceso se ha desempeñado de una manera no amenazante para la iglesia cristiana y los cristianos en la sociedad en general. En tanto que el juicio moral de la cultura coincidía con las convicciones y las enseñanzas de la iglesia, la iglesia y la cultura no estaban en conflicto en los tribunales. Por otra parte, en estas condiciones, encontrarse en el lado equivocado de una valoración moral era rara vez un riesgo para los cristianos.

Todo esto comenzó a cambiar en la era moderna cuando la cultura se hizo más secularizada y mientras las sociedades occidentales se movieron más progresivamente alejadas de la moral cristiana que había adoptado en el pasado. Los cristianos de esta generación reconocen que no representamos el mismo marco moral presentado ahora penetrantemente en el mundo académico moderno, el contexto de la cultura creativa y la arena de la ley. La secularización de la vida pública y la separación de la sociedad de sus raíces cristianas han dejado a muchos estadounidenses aparentemente inconscientes del hecho de que las mismas creencias y enseñanzas por las que los cristianos son ahora criticados fueron considerados alguna vez no sólo creencias convencionales, sino esenciales para todo el proyecto de la sociedad. A medida que la revolución sexual impregnó por completo la sociedad, y mientras las cuestiones planteadas por los esfuerzos de liberación homosexual y la legalización de los matrimonios del mismo sexo salieron a la luz, los cristianos se enfrentan ahora a una serie de retos de libertad religiosa que eran inconcebibles en las generaciones anteriores.

En uno de los más importantes de estos últimos casos, un juez encontró que un fotógrafo de bodas violó la ley al negarse a servir como un fotógrafo para una boda entre personas del mismo sexo. En una decisión muy reveladora, el tribunal declaró, muy francamente, que las libertades religiosas de los fotógrafos de hecho serían violadas por la participación forzada en una boda entre personas del mismo sexo. No obstante, el tribunal consideró que la nueva moralidad prevalecía sobre la preocupación por la libertad religiosa. [1]

Del mismo modo, hemos visto instituciones religiosas, especialmente universidades y escuelas, confrontadas por las exigencias que equivalen a una rendición a la revolución sexual en lo que respecta a la no discriminación sobre la base del sexo, el comportamiento sexual y la orientación sexual relacionada con los ingresos, la contratación de profesores y el hospedaje del estudiante. En algunas jurisdicciones, los legisladores están considerando la legislación de delitos de odio que marginan y criminalizan palabras que están en conflicto con el nuevo consenso moral.

Ahora nos enfrentamos a un conflicto inevitable de las libertades. En este contexto de cambio moral agudo y radical, el conflicto de las libertades es insoportable, inmenso, y eminente. En este caso, el conflicto de las libertades significa que el nuevo régimen moral, con el respaldo de los tribunales y el Estado regulador, dará prioridad a la libertad erótica sobre la libertad religiosa. En el transcurso de las últimas décadas, hemos visto esta revolución que se avecina. La libertad erótica ha sido elevada como un derecho más fundamental que la libertad religiosa. La libertad erótica ahora margina, subvierte, y neutraliza la libertad religiosa, una libertad muy apreciada por los constructores de esta nación y su orden constitucional. Debemos recordar que los autores de la Constitución no creían que estaban creando los derechos dentro de la Constitución, sino más bien reconociendo los derechos concedidos a toda la humanidad por "la naturaleza y la naturaleza de Dios."

Los desafíos que enfrentaremos en lo que respecta a la libertad religiosa son inmensos y crecen con la época. El gobierno tiene a su disposición mecanismos de coacción moral que van mucho más allá de las prisiones, cárceles y multas. Por ejemplo, al menos algunos hombres de negocios que se negaron a participar en las bodas del mismo sexo, como fotógrafos, panaderos, o floristas, fueron obligados a someterse a "entrenamiento de sensibilidad." Con el fin de entender cómo el nuevo régimen moral utiliza el entrenamiento de sensibilidad, es útil pensar en volver a las obras icónicas del siglo XX, como Brave New World de Aldous Huxley y 1984 de George Orwell. Estos programas de entrenamiento de sensibilidad representan esfuerzos por lograr la limpieza intelectual. Y ahora, en algunas jurisdicciones pueden ser infligidos a los creyentes religiosos que se atreven oponerse a la moralidad del nuevo régimen.

El reto de la libertad religiosa que ahora enfrentamos consigna a cada creyente, cada institución religiosa, y cada congregación en la arena del conflicto donde la libertad erótica y la libertad religiosa ahora se enfrentan. Esto no plantea ningún peligro para los liberales teológicos y sus iglesias y denominaciones porque esas iglesias se han acomodado a la nueva moral y se encuentran muy a gusto en el contexto del nuevo régimen moral. Por otra parte, algunas de estas denominaciones liberales e iglesias se catalogan ellas mismas como defensores de la nueva moral y de hecho abogan modificaciones legales que restringen los derechos de libertad religiosa de más iglesias y denominaciones conservadoras.

Curiosamente, Jonathan Rauch, uno de los primeros defensores del matrimonio gay advirtió a sus compañeros revolucionarios morales que hay que tener cuidado para que no se pisotean los derechos de conciencia y la libertad religiosa de sus adversarios. En su libro, Kindly Inquisitors: The New Attacks on Free Thought [Inquisidores Bondadosos: Los Nuevos Ataques Contra el Libre Pensamiento], Rauch expresó su preocupación:

Hoy en día, me temo que muchas personas en mi lado de la cuestión igualdad-gay están olvidando nuestra deuda con el sistema que nos ha liberado. Algunas personas no homosexuales – ni siquiera la mayoría, pero un buen número – quieren borrar los puntos de vista discriminatorios. La discriminación es la discriminación y la intolerancia es la intolerancia", dicen, "y ellos son intolerables ya sea si resulta o no ser una persona de religión o credo moral." [2]

Rauch también declaró, "espero que cuando las personas homosexuales – y personas no homosexuales – encuentren opiniones de odio o discriminatorias, no respondan al tratar de silenciar o castigarlos, sino que traten de corregirlos."[3] Muy pocas señales, sin embargo , indican que está siendo escuchada la amonestación de Rauch. Una reseña de los retos que enfrenta la libertad religiosa ya están confrontando la conciencia, la conducta y los derechos de creencias de los cristianos de convicción nos muestra cuan desalentador es realmente todo esto. Podemos estar seguros de que esto no es el fin de nuestra lucha. Es solo el principio.

R. Albert Mohler Jr.

Esta entrada de blog fue editado del capítulo 8 de la No Podemos Estar en Silencio.

[1] The Supreme Court of the State of New Mexico, Elane Photography, LLC v. Vanessa Willock, August 22, 2013, Docket No. 33, 687, http://online.wsj.com/public/resources/documents/Photogopinion.pdf.

[2] Jonathan Rauch, Kindly Inquisitors: The New Attacks on Free Thought , (Chicago: University of Chicago Press, 2013), 179.

[3] Ibid., 181.

One Comment leave one →
  1. 18 agosto 2016 8:26 pm

    Interesante artículo. En Uruguay podríamos tener en breve esos problemas ya que nuestro gobierno está tan interesado en promover la “nueva agenda de derechos”

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