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La Impotencia de la Iglesia Falsa

13 enero 2016

ESJ-103

La Impotencia de la Iglesia Falsa

Mateo 5: 13-16

Por Jeremiah Johnson

Imagínese que usted ve un hombre que se ahoga, y el salvavidas en la mano es todo lo que se interpone entre él y la muerte segura. Usted no disfrazaría el dispositivo de flotación para parecerse al agua en la que se estaba ahogando. Usted no cuestionaría abiertamente la eficacia del salvavidas, o debatiría los méritos relativos de otros objetos flotantes. Y ciertamente no trataría de convencerlo de que el podría manipular el poder del salvavidas si simplemente tuviese suficiente fe.

Tristemente, muchos en la iglesia de hoy tratan el salvavidas del Evangelio en maneras erradas similares.

Perdido en un mar de autoengaño, la justicia propia, la rebelión, la lujuria, y todo tipo de depravación, la única esperanza del mundo es la obra transformadora del Señor por medio de su Espíritu y la Palabra. La iglesia existe como testigo de Dios en la tierra, lo que demuestra Su verdad en palabra y obra, y hace todo lo posible para rescatar a los pecadores perdidos antes de que sea demasiado tarde.

Sin embargo, uno de los mayores obstáculos para la obra de la iglesia a menudo es la propia iglesia.

Las razones varían. A veces la iglesia excusa y tolera el pecado hasta el punto de que se convierte en un hazmerreír hipócrita, haciendo que su testimonio carezca de sentido y su ministerio sea imposible. Es difícil exagerar lo peligroso que pueden ser los coqueteos de la iglesia con el pecado sin control. Ya hemos discutido la depravación en detalle, y si la iglesia no puede o no quiere dar un ejemplo moral y espiritual, efectivamente no tiene nada que ofrecer al mundo.

Pero no es sólo el pecado que impide el alcance y la utilidad de la iglesia. Hoy en día, la eficacia de la iglesia a menudo es eliminada por las prioridades equivocadas. Al colocar una alta prioridad a cosas como el crecimiento numérico, la credibilidad mundana, o la autoridad extra-bíblica, la iglesia disminuye el valor de la fidelidad bíblica y paraliza su capacidad de ser sal y luz del mundo (Mateo 5:13-16). Consideremos algunos ejemplos destacados de ese patrón trágico.

La Iglesia Sensible al Buscador

El buscador sensible no es un fenómeno nuevo, pero sus cualidades camaleónicas han mantenido una fuerza impulsora en la cultura de la iglesia desde hace varias décadas. Y si bien las tendencias que imita pueden cambiar, la prioridad a subyacente de hacer la iglesia más atractiva, entretenida y agradable para que las audiencias no salvas – sigue engañando a congregaciones de todo el país y alrededor del mundo.

En todo caso, la filosofía impulsada por el mercado del ministerio se ha convertido en un problema mucho más generalizado en los últimos años. Mientras que el sensible al buscador alguna vez tenía un aspecto y sentir bastante coherente –principalmente atrayendo las sensibilidades de la clase media – alta suburbana — hoy no hay fin de las subculturas y grupos de interés que las iglesias puedan abastecer .

Pero todas esas variaciones se reducen al mismo compromiso básico y, como John MacArthur explica en Avergonzados del Evangelio, todos comparten el mismo error fatal.

Por desgracia, la filosofía del ministerio dirigido por el mercado hace un llamamiento al peor estado de ánimo de nuestra era. Está dirigido a personas cuyo primer amor son ellos mismos y que no se preocupan por Dios – a menos que puedan tenerlo sin interrumpir sus estilos de vida egoístas. Prometen a estas personas una religión que les permita estar cómodo en su materialismo y amor propio, y ellos responderán en masa[1] John MacArthur, Ashamed of the Gospel (Wheaton: Crossway, 2010) 41.

Si la iglesia es la única esperanza que hay por el mundo, ¿por qué habría que gastar tanto tiempo y esfuerzo tratando de imitar el mundo? Si un pecador estuviese convencido de su necesidad del Salvador, ¿por qué habría que recurrir a una congregación que tanto se asemeja a mundo del necesitaba ser salvado?

Si la iglesia quiere confundir, debilitar o envolver la única esperanza del mundo, la metodología sensible al buscador es el camino a seguir.

La Iglesia Posmoderna

Competir por la aceptación mundana y la credibilidad no es exclusivamente el territorio de las iglesias sensibles al buscador. La iglesia postmoderna es una especie de modelo del buscador sensible sintonizado específicamente para cínicos, escépticos y tipos de anti-autoridad.

La iglesia postmoderna encarna el enfoque del mundo a la verdad: que es relativa y subjetiva. El resultado es que la doctrina bíblica —incluyendo la doctrina fundamental e histórica—está abierta para el debate y la deconstrucción. Ellos tienen incluso sus propias convicciones con la mano abierta, y en lugar de establecer y luchar por la verdad, reflejan la actitud de los filósofos atenienses con los que Pablo se encontró, siempre en busca de algo nuevo y novedoso (Hechos 17:21).

Todo eso es ceñido por una humildad tan fingida, aunque la convicción sólo puede ser el producto de la arrogancia de una mente cerrada. En ese sentido, la iglesia postmoderna reduce la fe y el estudio de la Biblia a las actividades académicas y da punta pies para abrir la puerta a cualesquier y todas las falsas doctrinas. Pero ese tipo de pluralismo doctrinal no está produciendo una teología más refinada o más confianza en la Palabra de Dios. En cambio esta propagando la herejía y, como John MacArthur explica en Verdad en Guerra, está fomentando la incredulidad.

La idea de que el mensaje cristiano debería mantenerse flexible y ambiguo parece sumamente atractivo para los jóvenes que están sintonizados con la cultura y enamorados del espíritu de la época, y que no soportan la idea de tener la autoritaria verdad bíblica aplicada con precisión para corregir el estilo de vida mundano, las mentiras profanas y comportamientos impíos. Y el veneno de esta perspectiva está siendo inyectado más y más dentro del cuerpo de la iglesia evangélica.

Eso no es cristianismo auténtico. No saber lo que uno cree (sobre todo cuando se habla de un tema tan esencial como el evangelio para el cristianismo) es por definición un tipo de incredulidad. Defender la ambigüedad, exaltar la incertidumbre o de lo contrario ocultar la verdad es una manera pecaminosa de fomentar la incredulidad. [2] John MacArthur, The Truth War (Nashville: Thomas Nelson, 2007) xi.

No hay esperanza que ofrecer al mundo si la iglesia se niega a ser clara acerca de lo que cree y se mantiene firme en su compromiso con la Palabra de Dios. La verdad de Dios enfrenta bastantes ataques desde el mundo exterior no es necesario derribarla desde el interior, también.

La Iglesia Carismática

Otra forma en que la iglesia ha fomentado su propia mala dirección se ejemplifica en la iglesia carismática. Al poner demasiado énfasis en los dones apostólicos y tomando una visión no bíblica sobre la obra del Espíritu Santo – por no hablar de una supuesta capacidad del creyente para manejar y dirigir el Espíritu – el movimiento carismático se ha descarrilado en gran parte de la ortodoxia bíblica y ha sumido a millones en todo el mundo en una idolatría ciega.

Quizás el aspecto más espiritualmente mortal de la iglesia carismática es la forma en que aísla a sus seguidores del discernimiento bíblico. Con los milagros y los mensajes del Señor supuestamente abundante, no hay coherencia o continuidad a las manifestaciones del Espíritu, y no hay norma fija por la cual medir todas las afirmaciones milagrosas. A pesar de la evidencia de los fraudes y charlatanes, el movimiento continúa suspendido en la incredulidad.

Por otra parte, cualquier intento de vigilar el movimiento se encuentra con acusaciones de tratar de apagar el Espíritu (1 Tesalonicenses 5:19-20) o acusaciones de cometer el pecado imperdonable (Mateo 12:31-32).

Impermeable a la crítica, los líderes carismáticos pueden hacer y decir lo que quieran, y su capacidad para inventar nuevas herejías no conoce límites. Como John MacArthur describe en Fuego Extraño, el movimiento carismático ha canalizado la falsa enseñanza dentro del resto de la iglesia.

En la historia reciente, ningún otro movimiento le ha hecho más daño a la causa del evangelio, distorsionado la verdad y sofocado la expresión de la sana doctrina. La teología carismática ha convertido a la iglesia evangélica en un pozo negro de errores y un caldo de cultivo para los falsos maestros. La adoración genuina se ha deformado mediante la emotividad desenfrenada, la oración se ha contaminado con galimatías privadas, la verdadera espiritualidad se ha viciado con un misticismo no bíblico y la fe se ha corrompido al convertirla en una fuerza creativa para expresar deseos mundanos que se hacen realidad. Al elevar la autoridad de la experiencia por sobre la autoridad de las Escrituras, el movimiento carismático ha destruido el sistema inmunológico de la iglesia, concediendo libre acceso sin ningún sentido crítico a todas las formas imaginables de la enseñanza y la práctica heréticas. [3] John MacArthur, Strange Fire (Nashville: Thomas Nelson, 2013) xv-xvi

Como era de esperar, el mundo puede ver a través de las mentiras y la corrupción de la iglesia carismática. Así que su continuo dominio no es sólo una amenaza para las personas atrapadas bajo su influencia, sino que también empaña la reputación del resto de la iglesia, mientras que convierte al Señor, Su poder milagroso, y la fe en Él en una broma patética para el mundo observante. Y hasta que el movimiento carismático comience a vigilarse a sí mismo y deje de ser un caldo de cultivo para los herejes, los charlatanes y estafadores, seguirá siendo un obstáculo importante para el alcance del verdadero evangelio.

El pueblo de Dios tiene que tomar en serio Su verdad –su suficiencia, su inerrancia, y su autoridad. Tenemos que tener claro lo que dice, y lo que significa por lo que dice. Y tenemos que ser libres en nuestra capacidad para llevar esa verdad a un mundo corrupto y moribundo.


Disponible en línea en: http://www.gty.org/resources/Blog/B160113
COPYRIGHT © 2016 Gracia a Vosotros

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  1. Ángel Gabriel Aránguiz permalink
    14 abril 2016 11:37 pm

    Muy asertivo y demasiado claro para seguir en el “oscurantismo espiritual” de los pseudo-carismáticos.

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