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Las Doctrinas de la Gracia: por Su Gracia y para Su Gloria

25 septiembre 2015

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Las Doctrinas de la Gracia: por Su Gracia y para Su Gloria

Por Steven Lawson

“Aquellos que han recibido la salvación lo deben atribuirlo solo a la gracia soberana, y darle toda la alabanza a Él, que los hace diferenciarse de los demás.” —Jonathan Edwards

Las doctrinas de la gracia se llaman así porque estos cinco encabezados principales de la teología, a menudo identificados como los cinco puntos del calvinismo bíblico, contienen la expresión más pura de la gracia salvadora de Dios. Cada uno de estos cinco doctrinas radicales depravación, elección soberana, la expiación definida, llamado irresistible, y la gracia perseverante – muestran la gracia soberana de Dios. Estos cinco rubros están juntos como una declaración exhaustiva de los efectos salvíficos de Dios. Por esta razón, en realidad sólo hay un punto a las doctrinas de la gracia, a saber, que Dios salva a los pecadores por su gracia y para Su gloria. Estas dos realidades –la gracia y la gloria de Dios – están inseparablemente unidos. Aquello que más magnifica la gracia de Dios más magnifica Su gloria. Y aquello que más exalta la gracia de Dios es la verdad expresada en las doctrinas de la gracia.

Por otra parte, comprometer cualquiera de los cinco puntos diluye y disminuye la gracia de Dios. Por ejemplo, al hablar de una mera corrupción parcial del hombre, en la que el pecador perdido sólo es espiritualmente enfermo en su pecado, hace un diagnóstico erróneo que groseramente minimiza la gracia de Dios. Del mismo modo, al abrazar una elección condicional que depende de la previsión de la fe del hombre de Dios corrompe la gracia de Dios. Enseñar que Cristo hizo una expiación universal, haciendo posible la salvación para todos (aunque real para ninguno), abarata la gracia de Dios. Creer en un llamado resistible que permite el libre albedrío del hombre pone en peligro la gracia de Dios. Y pensar en la gracia reversible, que permitiría al hombre alejarse de la fe, contamina la pura gracia de Dios. Estos puntos de vista socavan la gracia de Dios, y por eso, es triste decirlo, le roban a Dios de su gloria. Y, sin embargo, tales opiniones son ampliamente celebradas en la iglesia de hoy. En cualquier sistema arminiano sincretista de teología, la salvación es vista como parte de Dios y en parte del hombre, ya sea que el hombre añade a sus buenas obras o que el contribuye con su propia fe auto-generada a la obra terminada de Cristo. Estos esquemas dividen la gloria entre Dios y el hombre. En la medida en se desvía de cualquiera de las cinco doctrinas de la gracia, se margina la gloria que se debe sólo a Dios por la salvación de los pecadores.

Dando gloria a Dios solamente

Escribiendo un poco antes de su muerte en 2000, James Montgomery Boice señaló:

“Tener un alto concepto de Dios significa algo más que darle gloria a Dios … significa dar gloria solo a Dios. Esta es la diferencia entre el calvinismo y el arminianismo. Mientras que el primero declara que sólo Dios salva a los pecadores, el segundo da la idea de que Dios permite a los pecadores tener algún papel en salvarse a sí mismos. El Calvinismo presenta la salvación como la obra del Dios trino –la elección por el Padre, la redención en el Hijo, el llamado por el Espíritu. Además, cada uno de estos actos de salvación se dirige hacia los elegidos, y así infaliblemente asegurando su salvación. Por el contrario, el Arminianismo ve la salvación como algo que Dios hace posible, pero que el hombre hace real. Esto se debe a que los actos salvíficos de Dios se dirigen a diferentes personas: la redención del Hijo es para la humanidad en general; el llamado del Espíritu es sólo para aquellos que oyen el evangelio; más estrecho aún, la elección del Padre es sólo para aquellos que creen en el evangelio. Sin embargo, ¡en ninguno de estos casos (la redención, llamado, o elección) dios realmente asegura la salvación de un pecador! El resultado inevitable es que en lugar de depender exclusivamente de la gracia divina, la salvación depende en parte de una respuesta humana. Así que, aunque el Arminianismo está dispuesto a darle gloria a Dios, cuando se trata de la salvación, pero no está dispuesto a darle toda la gloria. Divide la gloria entre el cielo y la tierra, porque si lo que finalmente hace la diferencia entre ser salvo y perderse es la capacidad del hombre para elegir a Dios, entonces sólo en esa medida Dios es despojado de Su gloria. Sin embargo, Dios mismo ha dicho: ‘y mi honra no la daré a otro.’” (Isa. 48:11).”

Es por ello que se necesitan tan desesperadamente las doctrinas de la gracia en nuestras iglesias. Le dan gloria a Dios. Ellas definen la salvación siendo toda de Dios. Cuando la salvación se percibe correctamente de esta manera, entonces y sólo entonces, Dios recibe toda la gloria por ello. Sólo la Sola Gratia produce Soli Deo Gloria.

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