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Comunicar la Verdad de Dios a la Próxima Generación

9 septiembre 2015

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Comunicar la Verdad de Dios a la Próxima Generación

Por Suzanne Evans

Cuando Moisés dijo a los padres en Israel que instruyeran a sus hijos acerca de Dios, la Escritura no se había escrito todavía. No iban a tener lecturas de historias bíblicas antes de dormir a sus hijos. Lo que tenían en la memoria era la historia transmitida oralmente de su pueblo. Al comienzo de su viaje a la Tierra Prometida, adquirieron otra carga de memoria. Dios le dio a Moisés Su ley detallada para su pueblo elegido de forma única. Acompañando a la ley dada por Dios, aquí están las instrucciones que Moisés dio:

Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y diligentemente las enseñarás a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Y las atarás como una señal a tu mano, y serán por insignias entre tus ojos. Y las escribirás en los postes de tu casa y en tus puertas.” (Deuteronomio 6:6-9).

LAS TRAGICAS CONSECUENCIAS DEL OLVIDO

Moisés, sabiendo que este pueblo obstinado, de corazón duro olvidarían a Dios y todo lo que Él había dicho, les advirtió de antemano:

“Y sucederá que cuando el Señor tu Dios te traiga a la tierra que juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob que te daría, una tierra con grandes y espléndidas ciudades que tú no edificaste, y casas llenas de toda buena cosa que tú no llenaste, y cisternas cavadas que tú no cavaste, viñas y olivos que tú no plantaste, y comas y te sacies; entonces ten cuidado, no sea que te olvides del Señor que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre.” (Deuteronomio 6:10-12).

Como una triste realidad, no les llevó entrar en la tierra antes de que Israel comenzó a olvidarse del Señor. Toda una generación no pudo amar al Señor su Dios con todo su corazón, alma y fuerza. Ellos murmuraban acerca de la provisión de Dios, ellos se rebelaron contra el liderazgo de Moisés, no pudieron confiar en el poder de Dios para derrotar a los enemigos que les esperaban en Canaán, y murieron en el desierto, no volvieron a ver la Tierra Prometida. Fueron sus hijos y nietos (veinte años y menores al salir de Egipto) los que entraron en la Tierra Prometida con Josué y Caleb.

Piense en los aspectos humanos de la historia por un minuto. Piense en las historias sorprendentes contadas sobre un milagroso Dios por los padres que ya no estaban en el temor de Él; por los abuelos que se habían vuelto cínicos, endurecidos y murmuradores ingratos. Piense en los cuarenta años en el desierto ordenándoles amar al Dios que iba a herir a sus padres y abuelos hasta la muerte. Que esta generación alcanzara entrar a la Tierra Prometida, lista para comprometerse a seguir a Dios en la batalla dice tanto acerca de Dios preservando un remanente como lo hace con la fidelidad de esta generación.

¿FUE SOLO UN PROBLEMA DE ISRAEL?

¿Que hay de usted y yo? ¿Nuestros hijos ven en nuestro diario vivir al Dios de quien les enseñamos? ¿O es que nuestra fe vacilante contradicen los mensajes que traen a casa en sus papeles de la Escuela Dominical? ¿Se inclinaran su hijos a amar al Dios que profesan amar después de haber estado con ustedes “cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes” (Deuteronomio 6:8)? ¿Qué le dice su vida a sus hijos acerca de Dios?

Todos tenemos historias de Dios que debemos repetir con nuestros hijos para recordarles que el Dios que leemos en la Biblia es nuestro Dios. El mismo Dios que trajo al pueblo de Israel a través del Mar Rojo y los guió a través del desierto con una columna de fuego de noche y una columna de nube de día nos guía también; provee para nosotros también; nos ama también. Tal vez tenemos que repetir esas historias para nuestro propio beneficio, para que recordemos quién es Dios y lo que Él ha hecho. Nuestras vidas deben reforzar, no contradecir, lo que enseñamos a nuestros hijos de la Biblia. Las vidas de los israelitas contradijeron todo lo que deberían haber sabido acerca de Dios. Ellos, para su mal, simplemente no tomaron en serio a Dios.

Parece que bajo el liderazgo de Josué y Caleb, esta nueva generación tenía una confianza restaurada y un temor de Dios. Después de la conquista de Canaán, justo antes de la muerte de Josué, desafió a Israel a decidir a quién iban a servir, diciendo: "Pero yo y mi casa serviremos a Jehová" (Josué 24:15). Como grupo, Israel se había comprometido a servir al Señor que los había sacado de Egipto, los sostuvo en el desierto durante cuarenta años, y derrotó a sus enemigos en su nueva tierra.

Lamentablemente, vemos en el libro de los Jueces que esta determinación no duró mucho. El libro de Jueces es famoso por la línea que se repite, "Todo el mundo hacía lo que bien le parecía". Esto describe muy bien la cultura de hoy. Dios había pasado de moda. Los líderes culturales de hoy y sus seguidores confían en sus propias opiniones más que en la autoritativa Palabra de Dios. En su orgullo, supongo que prefieren morir en el desierto que considerar la posibilidad de que Dios podría tener razón.

Tal vez hay esperanza con la próxima generación. Tal vez van a ver que lo que sus padres y abuelos protestaron, pronunciaron y legislaron ser correcto, estaba terriblemente equivocado, y que Dios, el Creador del universo y todos sus habitantes, poseen todos los derechos de proclamar lo que es bueno y lo que es malo.

¿Refleja su vida diaria lo que dices que crees de Dios? ¿Qué necesita cambiar para hacer que su vida se ajuste con su mensaje?

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