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Una Manera de Amar a Sus Hijos: Enseñándoles lo que la Biblia Significa

1 septiembre 2015

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Una Manera de Amar a Sus Hijos: Enseñándoles lo que la Biblia Significa

Por Jen Cordeiro

En mi último post, hablé acerca de amar a nuestros hijos mediante la lectura de la Biblia. Hoy, me gustaría añadir otro elemento a la lista de maneras de amar a nuestros hijos: enseñar a nuestros hijos el significado de la Biblia.

Leer la Biblia a nuestros hijos es algo bueno y necesario. Es una manera en que nosotros le amamos. Es una tarea concreta la cual nos sentamos y hacemos. Sin embargo, enseñándoles lo que significa es una tarea mucho más grande, que no se limita a unos pocos minutos o incluso unas pocas horas de tiempo devocional familiar. Enseñarles lo que significa que la Biblia es una tarea, que abarca toda nuestra vida: nuestros cuerpos, corazones, almas y mentes.

En el libro de Deuteronomio, Dios ordenó al pueblo de Israel, “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; 7 y diligentemente las enseñarás a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes.” (Deuteronomio 6:6-7).

Este es un mandamiento muy completo. Habla a la vida entera de los padres israelitas. Ellos debían tener los mandamientos de Dios en sus corazones, y repetirlas a sus hijos, hablar de ellas cuando estuviesen en casa, y cuando caminaran por el camino, cuando se sentaran y cuando se levantaran, lo cual es decir: todo el tiempo.

Este mandamiento fue hecho por un padre amoroso con el fin de proteger a su pueblo necio y fácilmente engañado. Era un medio para que tanto a ellos como a sus hijos conocieran y creyeran en el Dios bueno, y por medio de la fe en Él, disfrutar de todo lo que es bueno y justo ahora y para siempre. Era un medio para mantenerse alejado de los peligros espirituales y físicos.

Enseñanza Diligente: Un Resultado del Amor

Deuteronomio 6:5 dice: " Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza." El Mandato de Dios de los padres en Deuteronomio 6:6-7 fluye naturalmente del anterior, amar a Dios con todo su corazón, alma y fuerza. La persona que ama a Dios de esta manera tendrá la Palabra de Dios en su corazón. La persona que ama a Dios de esta manera sabrá la absoluta necesidad de enseñar a sus hijos acerca de Dios y Sus mandamientos. La persona que ama a Dios de esta manera, naturalmente, hablará de El todo el tiempo.

Esta clase de amor hacia Dios, uno que llena nuestros corazones y se manifiesta en nuestras acciones y nuestras palabras, de la clase que estimula que le conozcamos más a través de la lectura y la meditación de su Palabra; de la clase que nos lleva a hablar de él con nuestros hijos (y a otros) en todas las ocasiones, es un don y una obra del Espíritu Santo. Este es el tipo de amor que sólo los salvos tienen de Dios. “Nosotros amamos, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19). Este es el tipo de amor que comienza en el punto de la salvación y es eterno.

Amor: Un Fruto del Espíritu

No nos dejemos engañar a imaginar que podemos obtener este amor por nuestra propia fuerza, no podemos. Nadie puede. Es un fruto del Espíritu. El Señor Jesús dijo: "Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, éste lleva mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer "(Juan 15: 5). Si permanecemos en la vid, produciremos mucho fruto. Separados de Él no podemos hacer nada!

Yo solía pensar que "permanecer en la vid" era algo que tenía que hacer. Sin embargo, cuando leí 1 Juan 4:13, entendí que permanecer en Cristo, es sinónimo de salvación. Aquí es lo que dice, "En esto conocemos que permanecemos en él y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu."

Juan 15:6 también me lleva a este entendimiento. Allí, el Señor dice: “Si alguno no permanece en mí, es echado fuera como un sarmiento y se seca; y los recogen, los echan al fuego y se queman.” Sabemos que los salvos nunca será echados en el fuego, ni arderán. Somos de Cristo; Él nos compró con Su sangre. Él es la vid y nosotros los sarmientos. Si somos suyos permaneceremos en Él, por Él.

Amemos a Nuestros Niños

Hermana cristiana, porque permanecemos en Él; porque Él permanece en nosotros, que Dios haga realidad en nuestras vidas lo que Él inspiró al salmista a escribir en el Salmo 71:14-16:

“Mas yo esperaré continuamente, y aún te alabaré más y más. Todo el día contará mi boca de tu justicia y de tu salvación, porque son innumerables. Vendré con los hechos poderosos de Dios el Señor; haré mención de tu justicia, de la tuya sola.”

Y que nuestros hijos, en los que Dios nos ha bendecido, y de quienes somos responsables, sean los beneficiarios de esta dadiva de amor de Dios, alabando, y contándoles de la justicia y la salvación de Dios "durante todo el día." Amémosles leyéndoles la Biblia y enseñándoles lo que significa.

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