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Palabras Desperdiciadas y Tiempo Malgastado

27 agosto 2015

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Palabras Desperdiciadas y Tiempo Malgastado

por JOHN MACARTHUR

Desperdiciando nuestras palabras

El libro de Proverbios nos dice que: “…el que esparce calumnia es un necio. En las muchas palabras, la transgresión es inevitable, mas el que refrena sus labios es prudente” (Proverbios 10:18b-19). Tal declaración aplica sin lugar a duda a los medios de comunicación social también.

Hoy en día las personas que propagan calumnia y chisme en el internet pueden ser demandados por una corte o simplemente despedidos de sus puestos de trabajo. Pero, incluso si no existieran tales consecuencias, los cristianos deberán responder ante un tribunal superior. Dios ha dejado claro lo que piensa sobre el chisme: “El que anda en chismes descubre el secreto; No te entremetas, pues, con el suelto de lengua” (Proverbios 20:19).

Un estudio en el periódico New York Daily News reveló que el 80% de las conversaciones normales consisten en hablar acerca de chismes. Esos números parecen ser consistentes con las interacciones en el internet, donde el hablar de otra persona es casi tan popular como hablar de uno mismo. En un artículo titulado “Salomón en las redes sociales“, Tim Challies da esta advertencia oportuna: “Hay muchos sitios web, blogs y cuentas de Twitter dedicado casi por completo a los chismes, a compartir lo que es deshonroso en lugar de lo que es noble. ¡Evite estas personas y sus chismes!”

Las estadísticas sugieren que en próximo segundo habrá 700 actualizaciones de estado en Facebook y más de 600 tweets. Aun cuando algunas de esas palabras tienen valor y valen la pena que se publiquen, más allá del mundo de la calumnia nos podemos preguntar cuántas palabras, tweets y mensajes de texto se publican con gran descuido y a la ligera.

Nuestro Señor abordó esta cuestión directamente en su declaración, “Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio” (Mateo 12:36). Para enfatizar este punto Proverbios 17:28 nos dice: Aun el necio, cuando calla, es contado por sabio;
El que cierra sus labios es entendido” (más de un joven blogger haría bien en aprender de memoria estos versículos).

En 1 Corintios 10:23-24, Pablo explica un principio importante sobre la libertad cristiana. Él escribe: “Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica. Ninguno busque su propio bien, sino el del otro.” Si aplicamos esta verdad al mundo de las redes sociales, podemos separar rápidamente aquello que es valioso de lo que no es más que madera, heno y hojarasca. Twitear de los detalles inservibles de la vida podría no ser pecaminoso, pero si no edifica espiritualmente, tal vez sería mejor no decir nada.

Malgastando nuestro tiempo

Según las estadísticas de Nielsen, el trabajador estadounidense promedio gasta casi seis horas al mes visitando sitios web de redes sociales durante el tiempo de trabajo. La mayor parte de ese tiempo se gasta en Facebook.

Mi punto no es sólo acerca de perder el tiempo en el trabajo, sino de malgastar el tiempo en general. Por su propia naturaleza, las redes sociales son una distracción masiva y fácilmente llega a distraernos del estudio disciplinado, la meditación reflexiva y la oración concertada.

En un artículo de la revista Time titulado “Es hora de enfrentarte a tu adicción al Facebook“, Kayla Webley comparte algunas estadísticas alarmantes.

Un tercio de las mujeres de entre 18 a 34 revisa su Facebook durante la primera hora de la mañana… 39% de los 1,605 adultos encuestados sobre sus hábitos en ls redes sociales son ‘adictos a Facebook’… 57% de las mujeres de entre 18 a 34 dicen que hablan con gente por internet más que con gente físicamente… 21% admite que suelen revisar su Facebook en medio de la noche.

¡Parece ser que las redes sociales se han convertido en las telenovelas de hoy en día!

Por supuesto, el problema real es un asunto que tiene que ver con el corazón, no la psicológica. Pero el punto sigue siendo el mismo: la cantidad de tiempo dedicado al uso de las redes sociales está fuera de control para muchas personas. Ya sea que hayan sido definidos como “adictos” o no, la gente gasta gran parte de su tiempo navegando de blog a blog, viendo videos en YouTube, leyendo tweets y viendo su perfil o el de otra persona.

En septiembre de 2010, la cantidad de tiempo gastado en Facebook superó a Google por primera vez. Combine esto con el tiempo que la gente pasa leyendo blogs, comentarios, mensajes de texto, mensajes instantáneos y navegando por internet, y se dará cuenta en la enorme cantidad de horas que invertimos en el mundo de redes sociales.

Irónicamente, las personas pueden pasar horas saltando de enlace a enlace sin siquiera darse cuenta de la cantidad de tiempo que están perdiendo. Como autor Ivan Misner explica en BusinessWeek, “Vas a LinkedIn o Facebook y lees un comentario que te lleva a otro enlace, y ahora estás en YouTube viendo vídeos de alguien. Muy pronto algo extraño sucede en el paso del tiempo y te das cuenta que ya has perdido dos horas.”

Como creyentes, el mandamiento de Efesios 5:15-16 es tan aplicable para nosotros hoy en día como lo fue en el mundo del primer siglo: “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.”

La exhortación de Pablo tiene implicaciones enormes para la forma en la que interactuamos con los medios de comunicación social. Un día vamos a estar delante de Cristo y daremos cuenta de la forma en que utilizamos sus recursos (incluyendo nuestro tiempo y energía). Con esto en mente, ¿cuánto tiempo podemos justificar en gastarlo viendo y leyendo Twitter, Facebook, YouTube o páginas similares?

Recuerde: sólo unas pocas horas cada día, a lo largo de toda la vida, son el equivalente a años de oportunidades perdidas.

****

John MacArthur es el presidente de The Master’s Seminary y pastor de la iglesia Grace Community Church. Sus predicaciones en el programa de radio Gracia A Vosotros son escuchados alrededor del mundo. Él y su esposa Patricia tienen cuatro hijos y quince nietos.

Publicado originalmente en ingles aquí.

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